Europa dice si


 
Empresas

La UE autoriza con condiciones la adquisición de Warner Bros por Paramount

Esta operación, valorada en unos 110.000 millones de dólares, recibió el visto bueno de Bruselas después de que el comprador prometiera retirarse de la distribuidora cinematográfica UIP

Torre de agua de Paramount Pictures en Los Ángeles.Torre de agua de Paramount Pictures en Los Ángeles.
  • Agencias | Bruselas
22/07/2026 20:17
AÑADE EL MUNDO EN GOOGLEHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La Unión Europea autorizó este miércoles con condiciones la adquisición del estudio de Hollywood Warner Bros. Discovery (WBD) por parte del conglomerado estadounidense Paramount Skydance, un importante paso regulatorio para esta operación de gran envergadura.

Esta adquisición, que valora a WBD en unos 110.000 millones de dólares (incluida la deuda), recibió el visto bueno de Bruselas gracias a los compromisos del comprador para preservar la competencia en el mercado europeo del cine.

Paramount prometió retirarse, en un plazo de trece meses tras la adquisición, de la sociedad de distribución internacional de películas UIP. El grupo posee esta distribuidora cinematográfica con sede en Londres conjuntamente con su competidor Universal Pictures, lo que suscitaba inquietud entre los exhibidores de cine.

Al otorgar a UIP la distribución de las películas producidas por Warner, además de las de Paramount y Universal, la adquisición "habría dado lugar a unas condiciones de distribución y alquiler menos favorables para los operadores de salas de cine, en perjuicio de los consumidores", explicó la Comisión Europea.

Sin embargo, la retirada anunciada de Paramount, acompañada de otras concesiones, como el compromiso de no volver a asociarse con Universal durante diez años, permitió disipar las preocupaciones del Ejecutivo europeo.

"Estos compromisos resuelven plenamente los problemas de competencia detectados por la Comisión, al garantizar que las películas del grupo resultante de la fusión no se distribuirán conjuntamente con las de Universal o Disney", subrayó la institución.

Esta autorización constituye una etapa clave para una operación que debe dar lugar a un nuevo gigante estadounidense de los medios de comunicación. Por su parte, el Departamento de Justicia de Estados Unidos ya había dado luz verde a la transacción. No obstante, sigue pendiente de la autorización del Reino Unido, que podría resultar más difícil de obtener.

La operación permitiría a la familia Ellison, propietaria de Paramount Skydance, controlar dos cadenas de información (CBS News y CNN), dos grandes estudios cinematográficos (Paramount Pictures y Warner Bros.), así como dos plataformas de streaming (Paramount+ y Max).

Temas Relacionados

Noticias relacionadas

 
Empresas

El interés de esperar

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, llega a una rueda de prensa. KIRILL KUDRYAVTSEV
  • Francisco Rodríguez
24/07/2026 01:03
AÑADE EL MUNDO EN GOOGLEHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Hay un poema de Cavafis con un comienzo que llevo repitiéndome en estos odiseicos días: «Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca, pide que el camino sea largo». Ayer, el Banco Central Europeo pidió lo mismo, porque lo sensato es que el proceso sea, estructural, largo e, incluso, conlleve un nuevo aprendizaje sobre cómo funciona el dinero y la inflación hoy día. Los tipos de interés se mantienen y la vigilancia continúa. El camino, otra vez, se alarga y, de haber movimientos próximamente, serán subidas del precio del dinero.

La política monetaria importa, y mucho. Es de las pocas disciplinas colectivas que le quedan a una sociedad que ha ido perdiendo casi todas las demás. Subir tipos, o mantenerlos con el gesto adusto de quien no piensa ceder, es decir que el presente no se come el futuro sin pagarlo. Es importante proteger esta senda --mantener, y si hace falta, subir-- frente a quienes piden alivio inmediato sin preguntarse quién pagará, y cuándo, la factura aplazada.

Ahora bien, se abre paso una realidad incómoda. Ese control ya no es lo que fue. Cada vez más economistas coinciden en algo perturbador: los bancos centrales dirigen menos de lo que aparentan. La deuda pública crece más rápido que la economía que la sostiene, y la política monetaria empieza a perseguir su propia sombra. Subir tipos encarece esa deuda; no subirlos, la devalúa por la vía discreta de la inflación. El instrumento sigue afilado. El terreno bajo sus pies se ha vuelto arena.

Tres décadas creyendo que un comité en Fráncfort podía calibrar, con la precisión de un reloj suizo, el pulso financiero de trescientos millones de personas. El reloj sigue funcionando. Ya no marca la hora con la exactitud que le atribuíamos en los años de la Gran Moderación. Y el debate técnico, sin que lo notemos, se convierte en un debate moral. Si el control es ya parcial, lo que de verdad protege no es la pericia del banquero central; es una virtud mucho más vieja, la disciplina de esperar. Se trata de una idea antigua y básica sobre la economía que hoy suena casi subversiva: el ahorro del presente es la única forma honesta de cuidar el futuro, y la impaciencia, disfrazada de urgencia, es la usura más cara de todas.

Esperar no es no hacer nada. Es la forma más difícil de la acción, la que nadie aplaude porque no se ve. Con la deuda pública ocurre lo mismo, sin necesidad de metáfora. Sostener el rigor ahora no es una postura moral. Es la aritmética elegida frente a la aritmética impuesta. La deuda fiscal no es cosa de bancos centrales, pero sí evitar seducirla. Provocarla para recoger los pedazos después.

Esperar para amar bien es la versión más antigua de esta misma disciplina, la que ya practicábamos antes de que existiera ningún banco central. San Pablo lo dijo hace dos mil años, con palabras que ningún informe trimestral ha igualado: "el amor es paciente, es bondadoso". Amar bien, como ahorrar bien, exige posponer la gratificación inmediata en nombre de algo que todavía no existe, pero ya merece cuidado. La disciplina monetaria y la afectiva comparten la certeza de que lo que no se precipita, dura. Ítaca importa menos como destino que como excusa para no llegar corriendo.

La lección de la jornada de ayer no es que el BCE haya acertado o se haya quedado corto en su cálculo. Es que ya no podemos delegar en Fráncfort la totalidad de nuestra disciplina, como quien delega en un reloj la responsabilidad de llegar a tiempo. El banco central pone el precio del dinero; nosotros, como sociedad, ponemos el precio de nuestra propia paciencia. Ese precio no lo fija ningún comité. Lo fija cada uno, con la vida entera que decide vivir mientras nuestro reloj más imperfecto y humano--la responsable voluntad-- sigue corriendo, fiel solo a quienes todavía saben guardar algo para después.

Francisco Rodríguez Fernández es Catedrático de Economía en la UGR y director del Área Financiera y Digitalización de Funcas

Temas Relacionados

© ELMUNDO.ES Avda de San Luis 25 - 28033 MADRID Una web de Unidad Editorial

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente